martes, 5 de mayo de 2015












                                                               
No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados.











La dulzura en el hablar, en el obrar y en reprender, lo gana todo y a todos.








Si yo amo a Jesús de todo corazón, sabré también hacerlo amar por las demás.

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